
El campeonato Mundial de fútbol femenino Sub 17 celebrado en Uruguay tuvo a sus flamantes campeonas: España. Y no es coincidencia.
Para cosechar, hay que sembrar. En un país como Uruguay, de gran tradición agrícola, parece una frase más que conocida pero poco aplicada… y mucho menos en términos deportivos.
Y no es porque no haya gente que deja sus horas y recursos por el deporte, en este caso el fútbol femenino. Mujeres y hombres que llevan adelante una actividad que parece tener destinado el apoyo casi exclusivamente a la rama masculina.
En España, en abril se celebraba el congreso que exponía algunos resultados de los planes de trabajo que viene desarrollando La Liga y los próximos pasos a seguir: todo en pro del fútbol femenino con el compromiso de la Federación Española de Fútbol (FEF).
Un calendario bien establecido, la televisión y la apertura de los estadios han sido fundamentales para el crecimiento del fútbol a nivel de mujeres, pero uno de los aspectos fundamentales es el compromiso de los clubes junto a La Liga por la formación de las jugadores.
De hecho, se habla de «la prioridad», donde todas tienen instalaciones con computadoras y salas de estudio. Mientras en el fútbol femenino todas las jugadoras llevan sus libros o laptops, se estima que tan sólo 1% de los varones en juveniles llevan al menos un libro a las convocatorias.
Por allá hablan del auge imparable del fútbol femenino. En Uruguay quedó el festejo de las españolas y, quién sabe, el ejemplo institucional para potenciar el esfuerzo de las personas que hoy le ponen alma y vida en las diferentes ligas del Uruguay. El tiempo dirá.
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